Consejos para la elección de un buen sistema de calefacción teniendo en cuenta el clima

Un buen método de ahorro de energía es la elección exacta del sistema de calefacción necesario para cada vivienda en particular. Esta elección debe tener en cuenta, sobre todo, la situación geográfica y climática del domicilio en especial. No es lo mismo una vivienda en Andalucía que en Los Pirineos. Los cálculos estimados por organismos oficiales aseguran que la calefacción supone entre el 60% y el 65% del consumo energético anual de una vivienda media. Este gasto total permite poder ajustar el sistema de calefacción para poder ahorrar energía de manera muy efectiva, con un consiguiente y sustancioso ahorro en la factura de la luz.

Para la elección de un sistema de calefacción hay que tener en cuenta varios factores que determinarán definitivamente cual será ese sistema: realizar un estudio de las características de la vivienda, el tipo de clima y geografía en la que está situada y saber cuanto dinero estamos dispuestos a invertir. El sistema de calefacción más usado es el individual, o sea, no colectivo. Tres de cada cuatro viviendas tiene este tipo de calefacción, aproximadamente, y la mayoría de ellas prefiere como fuente de energía el gas natural. Esto depende de la climatología pues el gas natural ofrece mucha más potencia calorífica que la eléctrica. Por ello, comunidades autónomas con un clima más templado optan por la energía eléctrica a la hora de calentar sus casas. Al no tener que mantener la casa durante tanto tiempo y con tanta potencia como las comunidades más frías, el ahorro por instalación de circuitos de radiadores se complementa con el consumo energético.

Para los climas fríos se recomiendan sistemas de calefacción que mantenga el calor de forma constante. El sistema de calefacción por gas natural es de los mejores porque permite un calentamiento de toda la casa por igual o se puede elegir qué habitaciones no se desean calentar. Otro sistema que utiliza gas natural es el de suelo radiante, que utiliza una red de tuberías calentadas por calderas a gas –normalmente-, pero que prescinde de los radiadores tradicionales ya que va oculta por suelos y paredes. El inconveniente es que se tiene que disponer de una instalación de suministro que no todas las poblaciones disponen. En ese caso, una buena opción sería la calefacción por acumuladores eléctricos que almacenan calor durante las horas con tarifa nocturna. Como no exige un mantenimiento y se puede guardar en cualquier lado durante los meses cálidos, supone un sistema cómodo; pero no es muy efectivo a la hora de poder controlar el calor acumulado y si la instalación eléctrica es pobre podría ser necesario tener que cambiarla entera.

Para los climas cálidos, una bomba de calor suministra el calor necesario de manera suficiente y no haría falta la instalación de ninguno de estos sistemas anteriormente descritos. Un buen sistema de aire acondicionado con climatizador sería la mejor opción para refrigerar en verano y calentar en invierno la vivienda.


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